Crónica de los días de Festival Nacional de la Música Colombiana del 2026 en la ciudad de Ibagué.
Entrar a un cementerio con instrumentos musicales y equipos amplificadores de sonido para llevar a cabo un concierto puede parecer, para muchos, algo extraño, quizás un sacrilegio o una broma de mal gusto. La imagen es, en principio, perturbadora: entre lápidas blancas, algunas relucientes, otras gastadas por el tiempo, y un silencio que tradicionalmente solo es roto por el viento que silba entre las columnas o por el canto de un ave, de un momento a otro irrumpen tiples, guitarras y las voces de un festival que celebra la vida.

Eso fue lo que se vivió en el Cementerio San Bonifacio de Ibagué el pasado 21 de marzo, cuando la Gran Coral de la ciudad, con sus voces curtidas por el sol y el sentimiento, abrió el homenaje que cada año se hace allí frente a los restos de Garzón y Collazos, el dueto que marcó las bases de la música andina colombiana. También pudimos apreciar la impecable presentación de la Gran Rondalla Colombiana interpretando obras como Pueblito Viejo y Espumas del maestro Jorge Villamil Cordovez. Entre el público asistente estaba la creadora de toda esta idea y quien la ha sostenido por cuatro décadas: Doris Morera de Castro; junto a Alfredo Gómez Méndez, miembro honorífico de la Fundación Musical de Colombia, y Juan Lozano, reconocido periodista. Otros de los duetos que se hicieron presentes en esta cálida mañana fueron: Garzón y Torrado, El Nuevo Garzón y Collazos y Duo Torres, príncipes de la canción.



Así, en el Cementerio San Bonifacio de Ibagué, lo que para muchos sería un acto molesto de profanación, lo que se vivió con total naturalidad fue un encuentro cultural, musical y de respeto. Allí, la música no está para interrumpir el descanso de los difuntos, sino para llevarles a ellos y a los asistentes una gran serenata. Lo que empezó hace 40 años como una reunión espontánea de amigos, se ha convertido con el paso de los años en un punto inamovible de la agenda del Festival Nacional de la Música Colombiana que se desarrolla durante el mes de marzo en la capital musical de Colombia.
Otros escenarios de la ciudad también recibieron los acordes de los ritmos nacionales. En el parque Murillo Toro del centro de la ciudad se presentaron los que serán las nuevas figuras de la música tradicional. Agrupaciones de niños y jóvenes, bajo la dirección de maestros de música, se presentan luciendo los trajes típicos de sus regiones e interpretando con alegría y naturalidad canciones del repertorio folclórico nacional. Agrupaciones como Son Pujao, Ensamble Cuneco, Alma Pijao y Agrupación Catufa, todas ellas semilleros de nuevas figuras que aseguran la vigencia de folclórica nacional, tal como lo aseguró la consagrada artista Beatriz Arellano: “Llevan 40 años preguntándome si la música tradicional y folclórica nacional y latinoamericana tiene futuro, y aquí seguimos, aquí estamos y vemos cómo nuevas generaciones de intérpretes y compositores aparecen cada año”.



Otro importante escenario fue el Auditorio Alfonso López Pumarejo de la Gobernación del Tolima. Fue el tradicional escenario para la muestra ante el público en general y el jurado conformado por Edwin Guevara, José Luis Benavides, María Teresa Guillén, Eugenio Zamora García y José Ricardo Bautista. Este jurado tuvo a su cargo seleccionar los ganadores del Concurso de composición de obra inédita Leonor Buenaventura y el Concurso Príncipes de la Canción. Durante tres noches consecutivas se llevaron a cabo las eliminatorias de duetos que vienen de todas las regiones del país, y de las obras inéditas que poco a poco engrosan el acervo musical nacional.
Entre los duetos participantes pudimos apreciar a Azalea, Dueto Yllari, Andakí Dúo, el dueto Fernando y José, el estereofónico Valderrama’s Duo, quienes obtuvieron el segundo lugar; el innovador Prisma, que obtuvo el tercer puesto; Pamar, que esta vez estuvo más cerca de obtener el primer lugar; los clásicos Héctor y Alfredo y las debutantes Florecer Andino.
El poder de la participación femenina
Hay duetos que se han presentado en varias ediciones, persistiendo antes de alcanzar los primeros puestos, mientras que otros logran superar las altas expectativas técnicas del jurado en su primera aparición. Ese fue el camino de las nuevas Princesas de la Canción, el dueto Florecer Andino de Manizales, conformado por las jóvenes intérpretes Andreina Restrepo y María José Valencia, quienes llevan más de siete años en el mundo artístico desde su aparición como niñas en el Festival Cuyabrito de Oro. Con su triunfo, se cumplen tres años consecutivos en los que el máximo galardón queda en manos de mujeres, un hito que encajó con la temática de esta edición, dedicada exclusivamente al poder de la interpretación femenina.

El cartel de artistas consagradas que engalanó el festival incluyó nombres fundamentales como Beatriz Arellano, Katie James, Maía, Ana Lucía, María Mulata, María Isabel Saavedra y María Cristina Plata. A ellas se sumó María Isabel Mejía, quien se alzó con la victoria en el Concurso de Composición Leonor Buenaventura con el tema Cuando mi voz canta, reafirmando el protagonismo autoral de la mujer. Esta obra, según su creadora, está inspirada en cómo las ilusiones y los sueños dormidos renacen y cómo también aparecen nuevas oportunidades en medio de la adversidad. El segundo y tercer premio en la categoría de obra inédita se otorgó a Fernando Salazar Wagner con la obra Canta el alma, canta la vida y a Sebastián Valdivieso con la obra A la semilla.

Múltiples escenarios, muchos públicos
Para que la fiesta no se quede solo en teatros, el festival expande siempre su alcance a la cotidianidad de los ibaguereños. Parques como El Salado y poblaciones cercanas como la mítica Villa Restrepo recibieron a cientos de entusiastas de la música andina. Los centros comerciales como La Estación y Mercacentro se transformaron en tarimas que democratizan el acceso a la cultura. La organización no escatima esfuerzos para cubrir cada rincón de la ciudad, ofreciendo una nutrida agenda de conciertos gratuitos y otros a los que se puede asistir mediante bonos de apoyo.
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