
En 1962 ocurrió en Colombia uno de los hechos más pintorescos de la picaresca criolla. Si bien esta historia no involucró directamente a Villamil, los hechos si inspiraron la curiosa composición: El Embajador.
Luego de muchos años, aún en la actualidad se recuerda este suceso que permanece en la memoria de los habitantes de Neiva. Es casi obligatoria la visita a los lugares donde estuvo el supuesto embajador de la India, entre ellos el Hotel Plaza.
Esta historia pudo ser una simple y casual conversación entre tres sujetos, pero gracias al chisme y a la tradición de rendirle pleitesía a lo extranjero, mezclado con algo de ingenuidad, hizo que esta historia trascendiera todo el ámbito local.
El protagonista del acontecimiento fue un seminarista de nombre Jaime Torres Holguín, quien en un viaje en autoferro a Neiva se encontró con un ingeniero y un comerciante. Desarrollaron una confusa conversación, pues el personaje que había comenzado a representar Torres, respondía con una mezcla de acentos que sorprendieron a los incautos. Finalmente le preguntaron que de dónde venía, que quién era, a lo que Torres le respondió en voz baja que era el embajador de la India y que estaba de incognito.
Al llegar a la estación del tren de Neiva, el ingeniero no pudo guardar silencio y anunció que allí se encontraba el embajador de la India. La noticia se propagó por toda la ciudad y hasta las más altas autoridades cayeron en este no intencionado engaño.
Se le asignó la mejor habitación en el mejor hotel de la ciudad, El Plaza, a donde llegaron autoridades y curiosos. Fue homenajeado con viandas, música y licor. Recibió visita de damas de todas las edades que esperaban les pudiera confeccionar vestidos al mejor estilo de la India. Recibió honores militares. Se le ofreció una recepción en el Club Campestre, empresarios locales creyeron concretar importantes negocios con el supuesto embajador, mientras que intelectuales nativos hablaban de la cultura oriental.
Villamil relata de manera jocosa las escena de esta farsa: “Señores, voy a contarles, lo que en Neiva sucedió, que ha llegado de la India un supuesto embajador… a muchas damas de Neiva las medidas les tomó para enviarles de la India el traje de la nación, Calcuta, Calcuta, ya viene el embajador, Sumatra, la Sutra contesta el gobernador”.
Decía llamarse Shari Lacshama Dharhamdah y estando en un evento que se le rendía en el casino de oficiales del ejército, un antiguo compañero del seminario: el Chivo Cabrera lo reconoció y luego de charlar con él en privado para que terminara ya con esa broma, Torres Holguín quiso continuar. Ante la negativa Cabrera lo denunció públicamente: –Ese no es ningún embajador. ¡Ese es Jaime Torres, compañero mío del seminario! Algunas versiones dicen que los dos sujetos se miraron y terminaron riendo a carcajadas. Otra versión dice que los asistentes sintieron como un insulto semejante afirmación. Sin embargo, Gustavo Salazar Tapiero que había presenciado las escenas quiso aclarar los rumores que ya circulaban, y junto a otras personas se reunieron al día siguiente en la finca La Angostura, donde acorralado, Torres Holguín debió confesar su broma. A Torres Holguín no se le pudieron establecer cargos por el único delito posible: “suplantación de identidad”, dado que en Colombia para la época no existía delegación diplomática de la India.
Años después en 1986, el director de cine Mario Ribero y el productor Abelardo Quintero con guion de Mario González llevaron al cine esta historia. Gracias a la película, muchos de los protagonistas del bochornoso hecho volvieron a quedar al descubierto. El caso del embajador de la India es ejemplo de parte de la idiosincrasia de pueblo colombiano.
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